21 de març: Dia mundial de la poesia.

La Unesco va declarar el dia 21 de març Dia Mundial de la Poesia. Per commemorar aquesta diada, la ILC -amb la col·laboració de diverses entitats públiques i privades- celebra una gran festa de la paraula i les lletres i fomenta tot un seguit d’iniciatives, presencials i/o a través de la xarxa, arreu dels territoris de parla catalana. Es fa la tria d’un autor/a a qui se li encarrega un poema que és traduït a nombroses llengües, mostrant la riquesa mundial de la poesia en un joc de tornaveu poètic de gran extensió territorial.

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Aquest any, el poema escollit és de l’Antònia Vicens (Santanyí, Mallorca, 1941). Escriptora autodidacta, al llarg de la seva vida ha compaginat l’escriptura amb feines molt diverses. Des del seu primer llibre publicat, el recull de relats Banc de fusta (1965), ha escrit novel·la, narrativa breu, poesia i memòries i ha estat guardonada amb diferents premis: Sant Jordi (1967), Ciutat de Palma (1981) i Ciutat de València-Constantí Llombart de narrativa (1984).

La seva trajectòria ha estat reconeguda amb la Creu de Sant Jordi (1999), el Premi Ramon Llull del Govern de les Illes Balears (2004), que rebutjà per motius polítics, el Premi Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya (2016), la Medalla d’Or de la Vila de Santanyí (2016), la Medalla d’Or de l’Ajuntament de Palma (2016) i el Premi Josep Maria Llompart dels Premis 31 de Desembre de la Nit de la Cultura (2016).

Ha estat traduïda al castellà i l’alemany.

La poesia

plana sobre
la vida fulgors d’altres mons
t’esclata als ulls també
estrelles
d’aigua eixugades a la cala
de la infantesa quan
retuts tornen
els àngels ja sense
sal sense ales i tu
intentes agafar-ne les ombres
penjalls als fils
d’estendre les paraules l’hora
que més voldries
revocar els morts que
et pugen per
les cames
baldament omplis
la nit
de colomes blanques tot
esperant
una espurna de foc
que t’encengui el poema.

24 d’octubre, dia de la biblioteca

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Cada 24 d’octubre celebrem el Dia de la Biblioteca, una iniciativa  iniciada per l’Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, en record de la destrucció de la biblioteca de Sarajevo, cremada la tardor de 1992 durant la Guerra dels Balcans.

Aquest any el pregó l’ha escrit Ledicia Costas i l’ha il·lustrat l’Elena Odriozola.

El text diu el següent:

“Una luciérnaga es una isla perdida en la noche más densa. Cien luciérnagas, una constelación misteriosa que marca el rumbo hacia otros universos. Así, con esa estrategia de luz, se organizan los libros que moran en las bibliotecas. Son caricias fosforescentes que incendian los sueños y recomponen los corazones grises hasta hacerlos recobrar su color rojo brillante. Cualquier individuo que padezca el síndrome del corazón gris, debería ponerse en manos de un experto y visitar una biblioteca.

Para escribir un libro, además de hacer malabarismos con las palabras hay que ser una desvergonzada o un loco. Un atrevido, una excéntrica descontrolada. Llevar un calcetín de lunares, otro de rayas y los pelos de punta. Una cresta como las que lucen las cacatúas sería un peinado muy interesante para un escritor. Solo las mentes más disparatadas son aptas para escribir libros. Pero para custodiarlas no es suficiente con tener un desajuste en los cables cerebrales. Es indispensable ser de fuera. Un extraterrestre. Las bibliotecas albergan seres con antenas giratorias, cerebros millométricos que memorizan títulos rebuscados, rimbombantes, campanudos. Las personas que custodian libros siempre me han parecido criaturas singulares. Están dotadas de extremidades retráctiles que estiran y estiran hasta alcanzar aquel volumen al que parecía imposible acceder. A continuación, como si nada, se recomponen y todo vuelve a su posición natural. Parecen seres humanos, pero a poco que les observes percibirás que no son de aquí. Una de las cosas que más me fascina de los bibliotecarios es su cerebro. ¡Me parecen tan listos! Los libros fabrican pensamientos. Pasar tantas horas dentro de una factoría de ideas es bueno para tener un corazón rojo y brillante y una cabeza repleta de planes fantásticos.

Alguien me han contado que el 24 de octubre es el Día de la Biblioteca. Sería genial organizar una fiesta con confeti y pompas de jabón. Celebrarla por todo lo alto. Me encantaría vestirme para tal ocasión como el personaje de algún libro, sentarme en la mesa de una biblioteca de la ciudad donde vivo y esperar a que fueran a visitarme. En las bibliotecas puedes ser quien tú quieras. Desde Mary Poppins hasta Matilda, Atreyu, Drácula o incluso Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Långstrump. Puedes ponerte botas de pelo, plumas, zancos y sombreros. ¡Sombreros! ¡Eso es! Imagino a una pequeña lectora acercándose a mí discretamente, atraída por los colores y formas de mi sombrero:

—Sombrerera loca, ¡qué fiesta más maravillosa! ¿Sería tan amable de servirme una taza de té?

Yo se la serviría con mucho gusto, poniendo cara de mujer refinada, y luego ambas haríamos ruido al tragar. Sonaría algo parecido a glup glup glup. Y antes de que nos diese tiempo de romper a reír de forma desenfrenada, aparecería el bibliotecario, como surgido de la nada, que para eso poseen la facultad de materializarse delante de ti en el momento más inoportuno, y nos advertiría de que las bibliotecas no son merenderos. Hay que reconocer que son únicos custodiando tesoros. Extraterrestres con el corazón rojo y brillante. Qué cosa tan extraordinaria. ¡Feliz Día de la Biblioteca!”.

Texto: Ledicia Costas / Ilustración: Elena Odriozola